La Increíble Mariposa Monarca.

● Cada otoño, millones de ellas cruzan medio continente para llegar exactamente a los mismos bosques de oyamel de Michoacán y el Estado de México donde llegaron sus bisabuelas.
Un insecto de menos de un gramo puede recorrer hasta 160 kilómetros en un solo día, montando corrientes de aire a más de 300 metros de altura, tan alto que desde el suelo nadie las ve pasar.
El algodoncillo es la base de todo. Las orugas monarca se alimentan exclusivamente de algodoncillo (Asclepias), absorbiendo compuestos tóxicos llamados cardenólidos que las vuelven venenosas para las aves y otros depredadores. El patrón anaranjado, negro y blanco es una señal de advertencia: cualquier ave que pruebe una monarca aprende a no repetir.
La oruga muda la piel cinco veces en cinco etapas de crecimiento, multiplicando su masa corporal entre 2,000 y 2,700 veces antes de formar la crisálida. Una hembra puede poner hasta 500 huevos en su vida, pero solo alrededor del 10 por ciento sobrevive hasta la edad adulta.
La generación que llega a México cada noviembre es la llamada supergeneración: mientras una monarca de verano vive solo dos a seis semanas, la generación migratoria vive de siete a nueve meses, retrasando su reproducción para sobrevivir el invierno en los bosques de oyamel a más de 2,400 metros de altitud. Ahí se agrupan por millones en los mismos árboles, formando racimos que cubren ramas enteras para conservar calor.
En 2009, la NASA envió orugas de monarca a la Estación Espacial Internacional. Los astronautas las vieron completar todo su ciclo de vida en microgravedad: la primera mariposa en completar su metamorfosis en el espacio.
El algodoncillo crece silvestre en orillas de caminos y jardines de todo México. Plantar una mata es agregar una estación de servicio a la ruta migratoria más extraordinaria del continente.




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